Detienen a tres hombres que “espiaban” a ancianos a los cajeros para conocer el PIN y luego robarle las tarjetas de crédito

Foto: Mossos

Mossos de Cornellà de Llobregat ha detenidos tres miembros de un grupo criminal dedicado a cometer estafas y hurtos con libretas y tarjetas bancarias por el método conocido como scalping. Esta modalidad delictiva se basa en el hecho de que los ladrones consiguen averiguar el número PIN de las libretas o tarjetas bancarias de las víctimas. Para ello, se acercan en el momento de realizar un reintegro en un cajero automático o en el momento de pagar en un establecimiento comercial. Una vez conseguido el PIN la roban para realizar tantos reintegros como les sea posible, hasta agotar el límite del crédito, o hasta que la víctima se da cuenta de la sustracción y las anula.

La investigación se inició el primer trimestre de este año cuando los Mossos tuvieron conocimiento de que en el sur del área metropolitana de Barcelona se habían concentrado una serie de hurtos y estafas que seguían este método.
Los investigadores comprobaron que los autores de los hechos serían miembros de un mismo grupo criminal. Con una estructura jerarquizada y en el que cada uno de sus miembros tenía las tareas muy definidas.

El policías comprobaron que algunos de los integrantes de la organización ya habían sido detenidos por delitos similares en diferentes países de Europa, lo que constató que se trataba de un grupo criminal itinerante y que el modus vivendi de sus miembros se basaba en el fruto de la actividad delictiva.

La investigación permitió determinar que el grupo estaría integrado por unas diez personas, entre las que habría tres o cuatro que, de forma habitual, actuaban en los hechos delictivos, mientras que el resto participaba puntualmente de manera rotatoria y co laboraban con otros grupos que se dedican a la misma actividad delictiva.

La banda elegía principalmente víctimas de edad avanzada, personas que habitualmente son más confiadas y que no toman demasiadas medidas de seguridad a la hora de preservar que alguien pueda visualizar el código PIN de la tarjeta en el momento de introducir el número. Incluso, en determinadas ocasiones, se ofrecían a ayudar a estas personas mientras realizaban gestiones en cajeros automáticos, lo que les facilitaba aún más el objetivo de obtener el número PIN.

Los policías comprobaron que los miembros de la organización no tenían ningún escrúpulo a la hora de escoger sus víctimas. En ocasiones se trataba de pensionistas sin más de ingreso, a los que dejaban en una situación de extrema vulnerabilidad económica.

Los ladrones solían actuar en grupos de tres o cuatro personas y habitualmente se desplazaban en vehículo, preferentemente de alquiler, hasta el municipio donde querían delinquir.

Uno de los miembros era el que realizaba las tareas de conductor y de control y vigilancia del entorno: se esperaba con el motor en marcha para poder iniciar una huida de emergencia, si era necesario. Otro integrante del grupo hacía de observador. Miraba pasar desapercibido para poder acercarse a las víctimas y así observar el número PIN cuando operaban con las tarjetas o libretas; también se fijaba donde las guardaban posteriormente y marcaba al resto del grupo la víctima elegida. Otros dos miembros ubicaban en el exterior de los establecimientos, mientras realizaban tareas de vigilancia para detectar la presencia policial y esperaban una señal o una llamada del “observador” para iniciar el seguimiento de la víctima y sustraerle la libreta o tarjeta.

Una vez conseguido su objetivo, uno de ellos se encargaba de hacer extracciones de dinero lo más rápido posible a la entidad bancaria más cercana, por si la víctima daba cuenta de que había sufrido un hurto y anulaba la libreta o tarjeta bancaria.

Los policías comprobaron que el grupo s’hostejava siempre en apartamentos turísticos, aparthoteles o hoteles de municipios turísticos en estancias cortas con el objetivo de pasar desapercibidos y dificultar la labor policial.

Su estancia podía llegar a ser sólo de un día y la renovaban diariamente si los había. Además, tenían la costumbre de dejar el equipaje en el vestíbulo cuando marchaban por la mañana y lo recogían por la noche. Incluso, en alguna ocasión lo abandonaron al huir.

Fruto de las pesquisas policiales, los agentes determinaron que los arrestados cometieron en Cataluña catorce hechos delictivos de estas características, la gran mayoría en municipios del entorno sur del área metropolitana de Barcelona y con los que habrían conseguido unos 15.000 euros.

Una buena parte de este dinero los enviaban a familiares o personas de confianza del grupo en Rumanía, su país de origen. De este modo en caso de ser detenidos o localizados no se les podían intervenir el dinero. Durante la investigación se ha podido acreditar que este grupo criminal habría enviado un total aproximado de 7.000 euros en efectivo en Rumanía.