¿Se puede prevenir lo imprevisible? Nunca pasa lo imprevisto, pasa lo no pensado

En un hospital, una doctora apuñala a varios de sus pacientes, matando a tres de ellos y dejando otros tantos heridos graves. En Benicásim, el camarero le corta el cuello a un cliente que desayunaba en la terraza. En Guadarrama, mata a su hermana a cuchilladas y ataca a su madre y a su cuñado. En Gavá, en la provincia de Barcelona, en un caso más reciente, un veterinario dispara con un fusil a dos policías municipales, matando a uno de ellos e hiriendo gravemente al otro. Y, el más reciente, un fulano con antecedentes que molestaba a los clientes de un bar, apuñala en el cuello a un policía local, que muere desangrado en Madrid

Los autores de estos hechos tienen perfiles de lo más variado: pueden ser menores o mayores, hombres o mujeres, y ejercer cualquier profesión u oficio. También hay variedad en lo referente a los lugares: un hospital, una cafetería o un tanatorio.

Sobre sus comportamientos, indiciariamente y sin pretender un diagnóstico de certeza, parecen orientar a un trastorno psicótico breve o brote psicótico, Trastorno Mental Transitorio para el código penal, o el espasmo de violencia asesina de un descerebrado/a.

¿Cuál es el origen de estos comportamientos?

Algunos de esos comportamientos se originan en historias clínicas relacionadas con diagnósticos de enfermedades mentales como el trastorno bipolar o la esquizofrenia.

Unos “debutan a lo grande” en estos comportamientos, sea por un ingesta de drogas (de las que ahora se despachan como las barras de pan), sea por un fracaso sentimental o por necesidades económicas que les llevan a la desesperación en forma de una explosión de ira.

En otros casos, porque aparece ese lado oscuro de la condición humana, la maldad con mayúsculas y en su máxima expresión. Y todos desembocan en la aparición de forma súbita, y comportamiento extremo de violencia, que la psiquiatría despacha en muchas ocasiones como un Brote Psicótico.

¿Estos brotes psicóticos, son siempre violentos?

Pues no, no siempre hay violencia en estos brotes. Pero si aparece “hay para todos” incluso para ellos mismos, ya que un porcentaje puede derivar en la autolesión o la forma más extrema y antinatural de agresividad: el suicidio.

La agresividad hacia los demás puede mostrarse en un “repertorio” variado, desde el ataque con un bate de béisbol, despachándose a mamporrazos contra el respetable; cortándole el cuello al prójimo -que suele ser el más próximo-, disparando con una ballesta o liándose a tiros con su rifle de caza. En resumen, son un peligro para ellos, pero también para los demás.

¿Qué signos y síntomas se manifiestan en estos comportamientos extremos?

La formación, junto con la información médica y policial sobre este tipo de servicios, es imprescindible para poder aplicar el procedimiento de actuación más indicado. Desde la dificultad que representa convertirse en segundos en un improvisado psiquiatra y con independencia de cuál sea el origen de estos comportamientos, lo que debe quedar claro es que se debe clasificar este servicio como una emergencia médica, y avisar a los servicios sanitarios.

Durante estos brotes se dan dos síntomas principales: las alucinaciones (visuales, auditivas, táctiles e incluso olfativas) y los delirios. Se completan con otros dos, un lenguaje desorganizado y unos comportamientos bizarros. La percepción de la realidad se encuentra tan alterada, que son incapaces de reconocer a padres, familiares, amigos, conocidos y “saludados”.

Su agresividad puede ir desde movimientos absurdos, por encontrarse perdidos y desorientados, hasta la gran agitación psicomotriz generada por un sentimiento de terror y el creerse agredidos. Hay, por tanto, una ruptura completa con la realidad, transformándose la agresividad en una violencia desproporcionada y gratuita.

La elevación de su voz, su lenguaje repetitivo, son un síntoma  más de esa pérdida  y  control sobre su pensamiento y conducta.

En Gavá …

En el asesinato de un policía local de Gavà, el mes pasado, el sujeto puede que hubiese consumido una elevada cantidad de cocaína o pastillas. También que presentara algún tipo de delirium. Quizás pasara la “línea roja” de desconexión con la realidad, y en su temporal locura no viese ni oyese a los policías. En su mundo, él se hallaba en un escenario de guerra, con su atrezo bélico, ropa negra, con la gorra, botas de camuflaje, y un impresionante -y letal-  rifle de caza. Pero su locura temporal no le impidió apuntar, disparar, municionar, y volver a disparar en varias ocasiones, con la intención de matar a dos personas que no conocía y después de dejarlas gravemente heridas, huir conduciendo su vehículo de regreso a su casa.

En todo caso, será el tribunal quien decida cuál es la verdad judicial. Ya se sabe que “en Cielo manda Dios y en la Tierra los Jueces”.

La verdad objetiva ya la sabemos: el atentado de Gavá y otros dos asesinatos de parecido formato. Si se abre el abanico de las hipótesis sobre la motivación de este sujeto, éstas pueden ir desde una primitiva venganza, hasta un elaborado ajuste de cuentas.

En otro momento trataremos sobre los protocolos policiales y los procedimientos de actuación que se deben aplicar en estas situaciones, que desbordan lo razonablemente previsible.

Para finalizar,  todo nuestro reconocimiento para el Sargento Antonio López Alvarez de la Policia Municipal de Gavá. El sargento no eligió ser un héroe, lo que sí hizo con  su sacrificio es  salvar la vida de otros ciudadanos.

 

Rafael Castro Torres

es Licenciado en Criminología y Secretario PRL .AUGC  Málaga

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*